• Sáb. Nov 26th, 2022

Los Petreles, refugio clave para las aves y orquídeas de Galápagos

  • La reserva Los Petreles, en las islas Galápagos, es un sitio clave para la protección del petrel, ave en Peligro Crítico de Extinción, así como para apenas siete plantas de una orquídea a punto de desaparecer.
  • Especies invasoras de flora y fauna actualmente ponen en riesgo no solo a los petreles, sino a una especie de orquídea que se creía extinta en la isla, por lo que los trabajos de conservación y control avanzan a contrarreloj.

Desde iguanas que bucean y se alimentan de algas, a cormoranes que no vuelan. De grandes bosques de arbustos a orquídeas que se creían extintas, las Islas Galápagos guardan numerosas sorpresas. El petrel de Galápagos (Pterodroma phaeopygia) —una especie en peligro crítico de extinción— es una de ellas, pues encuentra aquí el único refugio del mundo para anidar.

Para proteger a esta ave y a la biodiversidad que la rodea y acompaña, en noviembre de 2018, la Fundación Jocotoco creó la reserva Los Petreles, en la parte alta de la isla San Cristóbal. Es parte del archipiélago de las Galápagos, en Ecuador, también conocido como “Islas Encantadas”, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1978.

Los Petreles es un sitio estratégico de 120 hectáreas para la reproducción del petrel de Galápagos, pues es una de las únicas cinco islas del archipiélago donde el ave anida.

Petrel de Galápagos en cueva. Foto: Juan Pablo Mayorga.

“Las Islas Galápagos son reconocidas a nivel mundial por su biodiversidad, si usted quiere ver una iguana (Amblyrhynchus cristatus) que bucea, se alimenta de algas y no toma agua dulce, únicamente en Galápagos”, asegura Juan Chávez, gerente de proyectos de la Fundación Jocotoco en Galápagos. “Hay cosas tan especiales como los cormoranes que, de las 28 especies que hay en el planeta, la única que no vuela es la de Galápagos (Phalacrocorax harrisi)​, también es un santuario de ballenas y un sitio Ramsar de importancia internacional; por todos estos reconocimientos que ha tenido Galápagos existen organizaciones que estamos trabajando en la conservación de la biodiversidad”.

Este es un recorrido por las particularidades, logros y amenazas de la reserva Los Petreles.

Primera parada: los petreles

El petrel de Galápagos es un ave marina, endémica de la zona, que se encuentra en Peligro Crítico de Extinción según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta especie pertenece al orden de aves más amenazado, el procellariformes, debido a amenazas como la pérdida de hábitat, introducción de especies exóticas, depredadores en sitios de reproducción, pesca incidental y contaminación.

Es un ave de plumaje con tonalidades que van del blanco, al gris y negro, con un pico ligeramente curvo, con el que captura calamares y peces al planear sobre el mar. Llega a pesar unos 500 gramos y, en condiciones ideales, puede tener una vida longeva de entre 40 y 60 años. Además, son monógamas durante toda su vida y tienen un proceso de reproducción lento —pues solo lo hacen después de sus 7 u 8 años de edad— y logran poner solo un huevo al año, siempre en el mismo nido donde ellas nacieron.

Petrel de Galápagos (Pterodroma phaeopygia). Foto: Tui de Roi.
Anillado de petrel de Galápagos. Foto: Juan Pablo Mayorga.

“La cuestión más asombrosa de esta ave es que puede volar miles de kilómetros fuera de Galápagos, porque se alimenta en mar abierto, pero para poder reproducirse necesita de las islas”, dice Chávez.

Su forma de anidar es particular y esta dinámica hace al ave especialmente vulnerable: sus hogares están bajo el suelo, en túneles que ella misma cava, y en donde especies depredadoras o invasoras tienen acceso. Además, estos nidos se encuentran únicamente en lugares con suelo profundo, en las zonas húmedas de la isla, y que son justamente los espacios más alterados de Galápagos por su histórico uso agropecuario.

Petrel de Galápagos en su nido subterráneo. Foto: Jacob Salina.
Pichón de petrel en su nido. Foto: Jacob Salinas.
Pichón de petrel de Galápagos. Foto: Juan Pablo Mayorga.

Estudios de la Fundación Jocotoco revelan que el 72 % de los nidos de petreles fallan debido a la depredación de roedores. Pero no es la única amenaza: la zarzamora invasiva también suele obstruir las entradas a las cavidades de los nidos. Actualmente, la reserva cuenta con alrededor de 200 nidos de petreles; 78 están activos y vigilados por cámaras trampa para monitorear su actividad.

Además del petrel, dentro de la reserva se encuentran protegidas diversas aves, entre ellas el pinzón de Darwin pico mediano (Geospiza fortis)​ y el pinzón arbóreo pequeño (Camarhynchus parvulus)​.

Pinzón de Darwin Picomediano (Geospiza fortis). Foto: Jacob Salinas.
Hembra de pinzón arbóreo pequeño (Camarhyncus parvulus) hembra. Foto: Jacob Salinas.
Canario María (Setophaga peterchia aureola) Foto: Jacob Salinas.
León marino de Galápagos (Zalophus wollebaeki). Foto: Michael Moens.
Mantis de Galápagos (Galapagia solitaria). Foto: Jacob Salinas.
Iguana marina de Galápagos (Amblyrhynchus cristatus). Foto: Michael Moens.

Segunda parada: las amenazas y sus soluciones

Las ratas, los gatos ferales y el ingreso de ganado porcino o vacuno representan un problema latente. También las plantas de mora que suelen invadir espacios. En ese sentido, los proyectos de conservación en la reserva funcionan como una respuesta rápida para proteger a los petreles de Galápagos durante el momento en que son más vulnerables: su temporada de reproducción.

Por ello se monitorean y patrullan los sitios de anidación de esta ave dentro de la reserva y se realiza el control de las especies invasoras —vegetales o animales—, además de impedir el ingreso de cerdos y vacas.

Todas estas actividades de conservación —unidas a la restauración del hábitat nativo— también buscan concientizar a quienes visitan la reserva y a las comunidades locales, a la par de que son esenciales para la supervivencia de esta ave marina.

Colocación de trampa contra especies invasoras en la reserva Los Petreles. Foto: Diego Añazco.
Cámara Trampa. Foto: Diego Añazco.
Gato feral capturado por una cámara trampa. Foto: Fundación Jocotoco.
Mora, una planta invasora en la reserva Los Petreles. Foto: Diego Añazco.

Tercera parada: su vegetación y paisaje

La reserva se ubica entre 320 y 560 metros sobre el nivel del mar. Sus ecosistemas predominantes son el bosque —en la parte alta de la isla— y los matorrales, en un clima tropical seco. Tiene zonas escarpadas, con mucha pendiente y cercanas al mar, lo que provee vistas panorámicas espectaculares de la parte sur de la isla.

“Se puede ir por un sendero a ver las zonas de anidación de los petreles y ver las cavernas de sus nidos”, narra Chávez. “Creo que una de las cosas más lindas es respirar aire puro, porque los vientos alisios pegan contra las partes altas de las Islas Galápagos, vienen directamente del océano, donde no existen ciudades ni poblaciones humanas. Al sur del Pacífico está simplemente la Antártida y el mar está produciendo, con el fitoplancton y la fotosíntesis, una gran cantidad de oxígeno”.

En estos espacios, destacan los bosques de Miconia robinsoniana, un arbusto de flores color violeta categorizado En Peligro por la UICN. Sin embargo, un reciente descubrimiento en la reserva ha tomado los reflectores: siete plantas de orquídeas —posiblemente de Cyclopogon werffii, especie En Peligro Crítico— fueron encontradas. Se trata de una especie única de Galápagos que se creyó extinta en la isla San Cristóbal. La importancia del hallazgo provocó una movilización de especialistas para protegerla, desde cercar las áreas específicas donde se encuentra para protegerlas de cualquier animal herbívoro, hasta la realización de ensayos de propagación de la especie en un vivero para incrementar el número de plantas y salvarlas de la extinción.

Miconia robinsoniana. Foto: Jacob Salinas.
Un recorrido por el bosque de Miconia robinsoniana. Foto: Diego Añazco.

“Todo mundo, cuando oye la palabra orquídea, se imagina una flor exótica, enorme y vistosa, pero la flora endémica, única de Galápagos, no se caracteriza por eso”, explica Chávez. “La orquídea que se ha descubierto no es una que crece como otras especies —encima de los árboles— sino que es una orquídea terrestre que forma unas raíces engrosadas, como papas, que son las que tienen la reserva para mantener la planta viva durante épocas de sequía; es su mecanismo de adaptación. Es una planta muy bajita, de unos 20 a 25 centímetros de altura, por eso no puede competir con malezas invasoras como la mora, que puede crecer hasta dos metros de altura y que invade y crece por todos lados”.

Orquídea. Foto: Galo Jarrín
Cerramiento de protección para una planta de orquídea. Foto: Eduardo Ríos.

Respecto a otras especies vegetales en la reserva —así como en las de fauna— se está trabajando en su identificación e inventario, sin embargo, existe una gran cantidad de helechos, dice el especialista.

“Hablar de conservación, es hablar de tiempo y el tiempo no se puede comprar, por eso hay que actuar oportunamente, antes de que se produzca la extinción de cualquier especie”, concluye Chávez. “Estamos a tiempo de poder salvar de la extinción a las orquídeas de San Cristóbal y estamos a tiempo de poder mejorar el número de petreles que van a anidar a la reserva. Actuar a tiempo es la mejor forma de conservar la biodiversidad; si no se hace así, solo queda el arrepentimiento, como ya ha pasado en muchísimos archipiélagos alrededor del planeta donde es demasiado tarde, porque lo que ya murió no va a revivir”.

Paisaje de la reserva Los Petreles. Foto: Jacob Salinas.
Reserva Los Petreles. Foto: Paul Salaman.

Imagen principal: Petreles de Galápagos. Foto: Rashid Cruz.

Fuente: Mongabay

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