• Dom. Dic 4th, 2022

Galápagos, más ruido que nueces ¿Un canje deuda-Naturaleza nada novedoso?

Con bombos y platillos, el presidente Guillermo Lasso anunció solemnemente en la COP 26, en Glasgow, que se incrementará la reserva marítima del Archipiélago de Galápagos en 60.000 kilómetros cuadrados. Los aplausos del jet set mundial no se hicieron esperar[2] ante dicho anuncio. Desde diversas partes del planeta se reconoce la iniciativa de extender la reserva en dos zonas: 30.000 kilómetros cuadrados de no producción pesquera sobre la Cordillera de los Cocos y 30.000 de zona de no palangre al noroeste de la reserva. En total la reserva alcanzaría los 190.000 kilómetros cuadrados.

Por: Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro.

Para financiar esta iniciativa el mandatario propone un canje de deuda externa. Se trata de una propuesta que a primera vista despierta entusiasmo. Sin embargo, la propuesta no oferce nada nuevo, ni tan potente como se la ha intentado posicionar. De hecho, la idea de cambiar deuda externa para inversiones ambientales es muy conocida en muchas partes del mundo, incluso en Ecuador desde hace muchos años. Sus alcances “ejemplares” –en tanto permitirían ganar-ganar a los involucrados– merecen ser revisados al margen de cualquier novelería o propaganda oficial. Como veremos a continuación, este es un típico caso donde más es el ruido que las nueces.

Por cierto, los anuncios oficiales sugieren que el propósito central del gobierno no es la conservación de Galápagos per se, sino que “cada día se vuelve más relevante e importante la sostenibilidad de los destinos para los turistas”.[3] Galápagos, a no dudarlo, es un imporante punto de atracción del turismo… pero de élite. Tampoco pasa desapercibida la afirmación del presidente ecuatoriano, quien aseveró que se tomó esta decisión luego de consultar a representantes de los intereses pesqueros.[4] En concreto, prima más el afán económico-mediático que el conservacionista, más aún en el caso de un presidente que necesita limpiar su imagen internacional luego de ser mencionado en las revelaciones de los Pandora Papers.[5] Desde otra perspectiva, como atinadamente señala José María Tortosa comentando lo que representa el encuentro de Glasgow, dedicado a enfrentar los enormes retos del colapso climático:

“Las reglas para enfrentar la crisis climática también son claras: si el problema es mundial, la respuesta tiene que ser mundial, que es lo que dicen (pero no practican) los líderes reunidos en Glasgow estos días. En todo caso, la respuesta tiene que ser en intensidad y tiempo la apropiada para el problema. Las pequeñas intensidades para quedar bien y las respuestas ad calendas graecas que piden un «largo me lo fiáis» están admitidas pero todos saben que no se trata de soluciones verdaderas: ni son mundiales ni siquiera son soluciones”.[6]

Sin desmerecer la ampliación de la zona de reserva del archipiélago –incluso considerando el reclamo de las 200 millas de mar territorial–, la importancia científica de las islas justifica una propuesta más potente y prometedora, sacando incluso conclusiones adecuadas de una iniciativa anterior: la protección del Yasuní-ITT. En la práctica se diluye el discurso conservacionista de proteger las Islas Encantadas cuando simultáneamente el mismo gobierno planea forzar los extractivismos petrolero (duplicando la tasa de extracción de crudo en la Amazonía según anuncios oficiales) y minero (flexibilizando aún más la normativa ambiental).[7]

Así, hagamos una lectura crítica de la “propuesta verde” planteada por un gobierno que aspira a exacerbar los extractivismos…

No todo lo que suena novedoso es realmente nuevo

Las ideas fluyen, van y vienen. Así en diversos países cobra nuevamente fuerza la sugerencia de atar la solución de los problemas derivados de la deuda externa a los problemas ambientales y/o viceversa. Ambas cuestiones demandan respuestas urgentes, sin duda. Sobre todo, el tema ambiental precisa respuestas globales inmediatas que, según el discurso dominante, no se logran alcanzar por la limitación de recursos económicos. Para enfrentar esa limitación se puede canjear deuda externa, tal como se ha hecho en otras épocas y bajo diferentes circunstancias históricas.

En ese sentido, la propuesta formulada por el presidente Lasso en Glasgow, nutriéndose de diversas experiencias, no es nueva: ya se proyectaba desde hace varios meses. Concretamente, en febrero de 2021 un grupo de científicos y ambientalistas propuso una iniciativa similar:[8] se quería comprar 1.000 millones de bonos de deuda externa ecuatoriana, que tendrían un valor de 600 millones de dólares en el mercado secundario, para financiar los proyectos de protección de las Islas Galápagos.[9] Con el rédito financiero de dichos papeles se buscaba conservar la nueva área marina que complemente a la actual Reserva de Galápagos, que integra el sistema de áreas protegidas del país. El Estado ecuatoriano administraría los recursos obtenidos.[10]

Este proyecto se enmarca en iniciativas que tienen antecedentes recientes desde que se lanzó en octubre de 2018 el primer Bono Azul del Mundo: el Seychelles Soverign Blue Bond, con el fin de impulsar la “economía azul”, es decir la economía que se preocupa por los océanos. Y en el marco de la COP26, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció la emisión del primer “bono azul” para los mares de América Latina.[11] De hecho, el canje de deuda externa por Naturaleza es menos novedoso de lo que parece. Algunos ejemplos se pueden encontrar en Bolivia en 1987, Perú en 2002, Seychelles en 2015, o Belice en 2021,[12] y por supuesto en Ecuador como veremos más adelante.

Otro proyecto que conlleva buenas intenciones es el planteado por Carlos Larrea, director del Área de Ambiente y Sustentabilidad de la Universidad Andina Simón Bolívar, y Jesús Ramos, rector de la Universidad Ikiam. Ellos relanzaron este mismo año esta idea de canje de deuda para intentar salvar 200.000 hectáreas de selva en 10 años, y con ello aportar con un ahorro de 117 millones de toneladas de CO2 en el mundo.[13] Una meta encomiable, nadie lo duda. Se habla que, por ejemplo, en lugar de pagar la deuda con China usando dólares o petróleo, Ecuador destinaría los fondos del servicio de dicha deuda a una acción concreta que reduzca o al menos evite más deforestación. Los promotores hablan de un monto de 421 millones de dólares. La administración de estos recursos estaría a cargo de un tercero, que podría ser Naciones Unidas, evitando los riesgos de la corrupción, se entendería. Los beneficios serían tanto para Ecuador como para China. Ambos países, en suma, contribuirían para reducir la pérdida de biodiversidad al proteger la Amazonía. Ecuador, un país altamente endeudado, dispondría de recursos para asumir esa tarea. Y China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero en el planeta, contribuiría a proteger la selva amazónica.

Y no solo en Ecuador, en la Argentina, otro país que recientemente renegoció su deuda externa (aunque sigue manteniendo incertidumbres sobre su capacidad de pago), se habla de esta posibilidad: canje de deuda para impulsar metas ambientales. En este caso se ha formulado iniciativas de la siguiente manera, en palabras de Kevin P. Gallagher, director del Global Development Policy Center de la Universidad de Boston:

Argentina es un candidato perfecto. Para acceder a las operaciones de reducción de deuda o emisión de bonos verdes, los Estados deberían diseñar una política alineada con los objetivos de desarrollo sostenible 2030 y el Acuerdo de París, la cual tiene que ser aprobada y evaluada”.[14]

Comprendiendo que existen múltiples propuestas de canje de deuda por conservación de la Naturaleza, ahora revisemos lo que se conoce sobre la propuesta concreta planteada para ampliar la reserva marítima de Galápagos. En especial, cabe destacar varias limitaciones y posibilidades de potenciar la iniciativa.

El entorno en el que surgieron los canjes “ambientales” de deuda

En términos sencillos, la solución que se está proponiendo busca disminuir el peso de la deuda externa a la vez que parte de su servicio se usa para financiar varias medidas ambientalistas. Sin minimizar todo tipo de respuestas para enfrentar estos graves retos, bien cabe hacer algunas puntualizaciones reiterando que este debate tiene una larga historia. Y no solo eso. También cabe rescatar el hecho de que, hace un par de décadas, de esta discusión –superando sus limitaciones mercantilistas– surgieron los elementos fuerza para sustentar la Iniciativa Yasuní-ITT.

La idea de canjear deuda por algún activo tiene mucho recorrido. Por ejemplo, el canje de deuda por territorios, sin ningún criterio ambiental, es parte de la historia de la “deuda eterna” ecuatoriana.[15] A mediados del siglo XIX se quiso resolver el tema de la impagable deuda de la Independencia entregando territorios en la Amazonía y en la zona del Pailón de Esmeraldas, así como en la región de lo que hoy son las provincias de Cañar y Guayas; alentando en paralelo la inmigración europea para colonizar esas tierras. Unas décadas más tarde, hace poco menos de 100 años, se propuso entregar las Islas Galápagos a los tenedores de bonos de dichas acreencias; cabría tener presente que este archipielago ha estado desde hace mucho tiempo atrás en la mira del águila imperial del norte. Era evidente que en estos casos estaba abiertamente en juego la soberanía nacional.

Lo que nos interesa ahora es el canje visto desde la posibilidad de atender demandas ambientales. Un tema que –tal como lo anotamos antes– es ampliamente conocido en Ecuador. Recordemos que, en los años 80 del siglo XX, en pleno debate internacional sobre la deuda externa, aparecieron varias iniciativas similares a las inicialmente señaladas. La lista de mecanismos de este tipo conversión es larga.

Antes de adentrarnos en este tema, recordemos que en esa década la discusión sobre la deuda externa fue intensa. Era una época de un gran debate político en el que intervinieron gobernantes como Fidel Castro[16] de Cuba y Alan García[17] del Perú; el primero con una propuesta de solución de tipo estructural y el segundo con una fórmula que habría aliviado en gran medida el peso de las deudas. Sus propuestas, como es casi obvio entender, no prosperaron pues planteaban soluciones que forzaban –sobre todo en el caso de Castro– a una profunda reconceptualización del sistema financiero mundial.

Y fue justamente en los años 80, en plena crisis de deuda externa, cuando la posibilidad de obtener descuentos en el mercado secundario inspiró soluciones como la que analizamos.  Los bancos y los “financistas” –o mejor dicho especuladores–aprovecharon estos descuentos para seguir lucrando de la deuda, tal como lo hacen actualmente. Y fueron grupos conservacionistas los que comenzaron a idear cómo hincarle el diente al problema para sacar recursos que les permitan impulsar inversiones en su área de preocupación. Thomas Lovejoy, representante del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en 1984 propuso la conversión de deuda externa a cambio de actividades de conservación de la Naturaleza.

El mercado secundario de papeles de deuda ya estaba en auge. En esa época, normalmente en alianza con los mencionados actores internacionales, en los mercados secundarios los financistas –entre los que se incluyen también a grandes empresarios y bancos nacionales– obtuvieron importantes beneficios al participar en el canje, sobre todo comprando títulos de deuda con enormes descuentos que luego los transformaron en significativas utilidades al convertirlos en moneda nacional. En el Ecuador el canje se dio casi a la par de varias medidas como la sucretización de la deuda externa –un mecanismo para estatizar las deudas externas de agentes económicos privados– que permitió hacer enormes utilidades a quienes se beneficiaron de esas operaciones, a la cabeza la banca privada e incluso varias empresas extranjeras.[18] A la sombra de estas operaciones financieras, entonces muy poco promocionadas e incluso largamente ocultadas, se abrió también la puerta para conversiones destinadas a proyectos sociales y ambientales, que normalmente fueron ampliamente publicitados.

Bolivia fue, en el año 1987, el primer país que inicio un proceso de conversión para proteger a la Naturaleza. Luego vendrían Ecuador y más tarde Costa Rica, República Dominicana y otros países más. La literatura sobre el tema es extensa.[19]

Los bemoles de una propuesta muy promocionada

Conviene repasar muy someramente algunos argumentos utilizados en el debate para entender la dimensión de las propuestas de canje de deuda externa por Naturaleza. Empecemos destacando que estas “soluciones” no fueron –ni podían ser– la gran solución para el reto de la deuda externa, problema que –por cierto– no es solo financiero. Mucho menos estas “soluciones” ayudaron a enfrentar los complejos retos derivados de la destrucción de la Naturaleza, aunque sí sirvieron para algunas acciones puntuales dignas de considerar, como fue la protección de algunas áreas naturales en el propio Ecuador. Estas limitaciones son evidentes pues incluso los montos del canje fueron siempre exiguos tanto en términos de alivio de la deuda como en el propio ámbito ambiental. Pero el tema no se agota en los volúmenes de deuda negociados, ni en los montos de inversiones ambientales…

Si abordamos el tema más allá de su publicidad, constatamos que estas operaciones financieras no abordan las cuestiones de fondo. Es decir, no enfrentan los orígenes y las repercusiones que derivan del endeudamiento externo en tanto herramienta de especulación y hasta de control y subordinación de los países deudores. En la práctica estas operaciones no discriminaron entre deudas legítimas e ilegítimas, como son las deudas usurarias, odiosas o desde el inicio impagables. Con la intervención de ONGs, en muchos casos, se vio mermada la capacidad de respuesta del Estado. Así, no faltaron momentos en los que la soberanía nacional fue puesta en entredicho por la presencia y poder adquirido por determinados grupos privados de dentro y fuera del país.

Hay algo más preocupante. En medio del entusiasmo para difundir estas operaciones, para nada se considera el impacto brutal que tiene el mismo proceso de endeudamiento en la destrucción de la Naturaleza. Notemos que en países como Ecuador muchas veces la deuda se contrata apalancándola en yacimientos petroleros o mineros, por ejemplo, o se la paga entregando dichos yacimientos directa o indirectamente a los mismos acreedores, como puede ser a través de una preventa petrolera. Asimismo, los gobiernos suelen exacerbar las actividades extractivistas para obtener recursos adicionales que permitan aliviar las presiones fiscales provocadas por el pago del servicio de la deuda externa.

Apenas para ilustrar este punto, notemos que entre 2017 y 2020 el Ecuador ha pagado 24.445 millones de dólares entre amortizaciones e intereses efectivos de su deuda externa, mientras que su sector público no financiero obtuvo 34.860 millones en exportaciones petroleras. Es decir, dentro del período mencionado, el servicio de la deuda externa ecuatoriana representó más del 70% de todas sus exportaciones de petróleo. Dicho en otras palabras, gran parte de la explotación petrolera ecuatoriana –y la degradación ambiental que lleva consigo– termina sirviendo como palanca para aliviar las asfixias asociadas al pago de una deuda que intenta “lavarse la cara” con etiquetas ambientalistas que involucran montos mínimos frente al total de endeudamiento.

Semejantes situación muestra que, más allá de las exageradas expectativas que puedan generar los canjes entre deuda y cuidado ambiental, el problema estructural de la deuda externa y los graves destrozos ambientales que ocasiona un sistema movido por la codicia se mantienen intactos. La deuda como herramienta de dominación económica y política sigue estando presente, por más que se engalane con vestidos “verdes” o “azules”. En efecto, con los canjes lo que se hace es ampliar la llamada “economía verde” –hermana gemela de la “economía azul”– que se sostiene en la mercantilización de la Naturaleza, una de las mayores causas de su destrucción.

Dicho esto, mal podríamos lanzar cohetes promocionando este tipo de mecanismos. Su utilidad, que podría resultar interesante en casos puntuales, es en extremo limitada. Peor aún, con estos procesos terminamos normalizando cada vez más la idea de que todos los problemas sociales y ambientales deban resolverse desde las dinámicas de los mercados, como si la única forma viable de relacionamiento humano fuera a través de los precios. Por ello, consideramos urgente discutir soluciones estructurales, capaces incluso de cuestionar esa tendencia a mercantilizarlo todo, incluyendo la propia vida.

Dentro de esa discusión, cabe rescatar aquellas iniciativas motivadas desde la resistencia a la actividad hidrocarburífera, como la moratoria petrolera en la Amazonía ecuatoriana planteada en respuesta a los destrozos provocados por Chevron-Texaco[20] y otras petroleras, incluyendo a la estatal, en el nororiente amazónico. Entre las propuestas que nacieron en esta línea puede citarse al texto “El Ecuador post-petrolero” en el año 2000[21], el planteamiento en 2001 de un acuerdo con los acreedores internacionales para suspender el servicio de la deuda externa a cambio de conservar la Amazonía (en línea con el reclamo de la deuda ecológica, donde los países ricos son los deudores), el planteamiento de la tesis de la moratoria presentada formalmente al Ministerio del Ambiente desde varias fundaciones ecologistas en 2003, las luchas de resistencia de las comunidades amazónicas (destacando el pueblo de Sarayaku), o la propuesta planteada en junio de 2005 de no explotar el crudo en el Yasuní[22] y que se plasmó en los textos “Un llamado eco-lógico para la conservación, el clima y los derechos” (2005)[23] y “Asalto al paraíso: empresas petroleras en áreas protegidas” (2006)[24].

En el caso particular de la Iniciativa Yasuní ITT se buscaba proteger el territorio y la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, conservar una biodiversidad inigualable en todo el planeta, cuidar el clima para todo el mundo al evitar la emisión de 410 millones de toneladas de CO2, conservar enormes reservas de agua dulce, arrancar una transición post-petrolera, y generar un efecto demostración en otras latitudes. Como contrapartida, el Ecuador esperaba la contribución financiera de la comunidad internacional, que debe asumir su responsabilidad compartida y diferenciada según la destrucción ambiental provocada por las sociedades más opulentas del planeta. Penosamente, la iniciativa no prosperó tanto por el desinterés de parte importante de la comunidad internacional como por la incapacidad del entonces gobierno correísta que terminó autorizando la explotación de los campos Ishpingo, Tiputini y Tambococha en 2013 (y hasta saboteó el intento de consulta popular emprendido por los Yasunidos[25]).

La urgencia de (re)pensar las utopías

Los problemas financieros del mundo tienen varias explicaciones. Sin entrar en una materia de varias aristas, podemos anotar uno de los nudos de mayor complejidad: la inequidad en el control de los mercados financieros, situación que genera múltiples grados de irracionalidad en otros ámbitos del sistema capitalista. Sólo en un sistema de semejante inequidad puede suceder que el pago de la deuda se impone incluso por encima de la defensa de la vida, como sucedió en Ecuador cuando a inicios de la pandemia se prefirió pagar el servicio de la deuda antes que canalizar recursos para atender la urgencia sanitaria sobre todo en Guayaquil.[26] Igualmente, solo en un sistema plagado de egoísmos e irracionalidades se puede dar que la disponibilidad inicial de vacunas del coronavirus se haya enfocado solo en grupos reducidos y privilegiados de la población. Y ni qué decir de la voracidad del capital que impide eliminar las patentes para masificar la vacunación alrededor del mundo.

Suena hasta peculiar que los grandes financistas del mundo se preocupen tanto por el medio ambiente y ni siquiera se preocupen por generar salidas urgentes para salvar vidas en medio de la pandemia del coronavirus. Por ejemplo, se pudo haber dado una moratoria generalizada del pago de servicio de las deudas externas sobre todo en países donde la pandemia generaba mayores víctimas mortales (como el propio Ecuador).

A más de las problemáticas coyunturales, cabe agregar las deudas históricas de la colonia e incluso las deudas financieras ocultas en esquemas que se nutren, por ejemplo, del anatocismo –cobro de intereses sobre intereses– y tantas otras prácticas corruptas tan comunes del agiotismo internacional.

En oposición a esa realidad, necesitamos ampliar el horizonte y mirar más allá del marco de las finanzas. Recordemos, por ejemplo, que el 10% de los habitantes más ricos del planeta –sobre todo en el Norte Global– es responsable de casi el 50% de los gases de efecto invernadero, mientras que el 50% de los habitantes, es decir los pobres, ocasionan apenas un 10% de dichos gases. Ante semejante dato, podríamos preguntarnos “quién le debe a quién”. Desde esa perspectiva notamos que hay un grupo de países con sociedades opulentas –sociedades de externalización– que son los deudores de una gigantesca deuda ecológica. En palabras sencillas, para que unos pocos vivan bien muchos se ven obligados a vivir mal… Este “habitus de externalización” se mantiene gracias a “un mecanismo de explotación pluridimensional y globalizado”, sostenido en las “asimetrías de poder”, tal como plantea Stephan Lessenich.[27]

Todas estas razones llevan a concluir que los países deudores no deberían seguir sometidos a los marcos jurídicos de los acreedores, que cuentan con el respaldo perverso de los organismos multilaterales de crédito. Urge construir otro sistema financiero[28] que anule las deudas odiosas, usurarias, corruptas o que incluso representen indudables mecanismos de dominación. Tal proceso demanda esquemas de auditoria ciudadana que deberían empezar por auditar el impacto ambiental y social de las deudas contratadas.

Incluso puede plantearse la suspensión de pagos y hasta la anulación definitiva de muchas deudas, desplegando también argumentos ecológicos. Este esfuerzo requiere una genuina transición ecológica, que no puede insistir en mercantilizar a la Naturaleza. El cuidado ambiental debe ser un fin en sí mismo, sustentado en procesos como una rápida descarbonización en el sector energético, del transporte, de la vivienda, etc. Incluso en concordancia con los Derechos de la Naturaleza[29], urge desmercantilizar la Madre Tierra sin que medien presiones financieras (ni políticas) derivadas de las deudas externas.

Este tipo de planteamientos deben vincularse con otras urgencias globales como, por ejemplo: la liberación de las patentes para enfrentar los virus, como el COVID-19; la desaparición de los paraísos fiscales; la introducción de mecanismos que frenen la especulación financiera; el establecimiento de un tribunal internacional para procesar los reclamos vinculados a las deudas financieras, incluyendo un banco central mundial alejado del Banco Mundial y del FMI. Y todo esto cuestionando las raíces de la economía desde propuestas y prácticas cercanas al Buen Vivir u otros enfoques alternativos al desarrollo, desde estrategias post-extractivistas e incluso decrecentistas, que recuperen los aportes existentes en los principios de los cuidados provenientes de la economía feminista, y de las urgentes demandas por una redistribución radical de la riqueza.

Las “soluciones” basadas en transacciones financieras, como las que emergen desde los canjes deuda-Naturaleza, o desde los mercados de carbono y de servicios ambientales, son cantos de sirena[30]. Con esos cantos se sigue expandiendo y legitimando la acumulación capitalista al pasar de la conservación del ambiente al terreno de los negocios. El aire, los bosques, los mares, y la Tierra misma se vuelven mercancías. ¿No implica eso, en definitiva, privatizar y mercantilizar la vida? Al parecer no importa que la serpiente capitalista continúe devorando su propia cola, arriesgando su propia existencia y de la Humanidad misma. Y tampoco le importa, pues la serpiente está drogada por su propio veneno, veneno cuyo nombre es capital y su esencia es la búsqueda de riqueza y poder sin fin.

De parches a soluciones estructurales

Aceptemos que los canjes de deuda por Naturaleza son propuestas parche. Pueden resultar útiles para enfrentar cuestiones puntuales, pero no podemos dejar de ver todo el contexto económico y político que les rodea. La habilidad del mundo capitalista -causante de la destrucción de la Naturaleza- de generar lucro hasta del cuidado ambiental, nos exige ver de forma crítica a estas “soluciones”. Más aún, si la Humanidad quiere escapar de sus propias trampas, está obligada a repensar radicalmente su relación con la Naturaleza. Es inútil seguir creyendo que los seres humanos podremos –figurativamente hablando– dominar a la Madre Tierra. Tenemos que reencontrarnos con ella, parar su explotación desenfrenada, respetar sus ciclos, comprender su principio de relacionalidad (todo está interrelacionado entre sí). Requerimos otra economía que asuma no solo un cambio de valores de cambio a valores de de uso, sino que incopore los valores intrínsecos de todo ser vivo, así como sistemas de valoraciones múltiples.[31] En suma, esta tarea –reconociendo que somos Naturaleza– nos demanda recuperar y construir relaciones de armonía con todo aquello que nos rodea.

Volviendo al tema que motivó este texto, la idea de proteger y ampliar la reserva marítima de Galápagos –replanteándose en serio la recuperación del mar territorial[32]– podría ser un primer paso para conformar un gran corredor oceánico entre Galápagos (Ecuador), Malpelo y Gorgona (Colombia), Coiba (Panamá) y Cocos (Costa Rica), unido a la costa de esos países, que garantice la migración de especies marinas y un mejor control pesquero, tanto como la prohibición de actividades extractivistas tipo minería en ese territorio.[33] Como contrapartida, los acreedores deberían suspender –mejor aún anular– las deudas a cuenta de su enorme responsabilidad en destruir la Naturaleza. Al menos las deudas ilegítimas, odiosas, usurarias y similares deberían ser puestas en serio cuestionamiento. Y, por cierto, en este acuerdo global cabría asegurar el compromiso de todos los países del planeta, sobre todo aquellos que tienen grandes flotas pesqueras como China, para respetar este tipo de corredores oceánicos (un compromiso por escrito en el marco de Naciones Unidas no caería nada mal en este punto).

Pero hay que ir más allá. Esta operación en el ámbito marítimo, para que tenga el carácter de verdadero alcance histórico, exige coherencia. No se puede proteger una región –por más importante que sea– mientras se destruyen otras. Por ende, esta opción con visión multinacional debe tener coherencia en todo el país: urge arrancar una transición que empiece por reparar las zonas afectadas por los extractivismos[34] (como la Amazonía ecuatoriana) y que vaya liberando los territorios todavía afectados por estas pandemias tan propias de una economía primario-exportadora. En particular, las empresas mineras y petroleras transnacionales y en especial chinas –de un país que dice impulsar una nueva civilización ecológica– deberían ser las primeras en retirarse de la Amazonía sin demandar compensación alguna; hasta deberían asumir la reparación y restauración de los destrozos que históricamente han provocado.

Así, reiteramos que no se trata solo de buscar financiamiento para determinados proyectos ambientales, por más potentes e interesantes que parezcan. Se trata de hacer justicia incluso por aquellas poblaciones que han sido hasta exterminadas en beneficio de la explotación extractivista. Además, desde una posición política –toda posición lo es, incluso cuando aparentan ser meramente “técnicas”– es indispensable tener claro el horizonte que guía la acción, los principios estratégicos fundamentales que no se puede perder de vista y las acciones coyunturales que permitan avanzar. El avance del capitalismo mundial nos exige sumar cada vez más esfuerzos para exigir lo que aparentemente resulta imposible.

En resumen, no es aceptable buscar unos cuantos dólares –por más significativos que aparezcan los montos– si a la postre se hace parte del juego de las finanzas internacionales, se amplían los extractivismos de todo tipo, se le ofrece argumentos a quienes quieren seguir propiciando más de lo mismo (que cada vez es más de lo peor), y hasta se permite un “lavado de cara internacional” de un presidente que tiene la obligación de aclarar sus vínculos con paraísos fiscales. Por más “verdes”, “azules”, “progresistas” o “inclusivos” que parezcan los caminos del capital, son justo esos caminos los que están condenando al infierno a los pueblos empobrecidos del mundo.-

….

[1] Economistas ecuatorianos

[2] Basta ver los pronunciamientos de Jeff Bezzos: disponible en https://www.elcomercio.com/tendencias/ambiente/bezos-creacion-area-marina-ecuador.html y de Leonardo DiCaprio: disponible en https://www.eluniverso.com/noticias/politica/el-actor-y-activista-leonardo-dicaprio-felicito-al-presidente-guillermo-lasso-por-ampliacion-de-reserva-marina-de-galapagos-nota/

[3] Ver el tuit del ministro de Turismo: https://twitter.com/nielsolsenp/status/1455226196908724237

[4] Revisar en Diario El Comercio, 1 de noviembre del 2021. Disponible en https://www.elcomercio.com/tendencias/ambiente/ecuador-amplia-reserva-marina-galapagos-cop26-canje-deuda.html

[5] Al respecto, ver el artículo de los autores: “Entre los papeles de Pandora y la banca”. CADTM, octubre 15 de 2021. Disponible en: https://www.cadtm.org/Entre-los-papeles-de-Pandora-y-la-banca

[6] Consultar en “Atrapados”, 2 de noviembre del 2021. Disponible en https://mundomundialtortosa.blogspot.com/

[7] Basta consultar los decreto ejecutivos 95 y 151 (emitido el 7 de julio y 5 de agosto del 2021, respectivamente).

[8] Ver en Diario El Comercio, febrero 24 de 2021. Disponible en: https://www.elcomercio.com/actualidad/negocios/organizacion-canje-deuda-proteccion-galapagos.html

[9] Este tema lo aborda Acción Ecológica (2021) “¿Canje de deuda por océanos?”. Disponible en https://www.accionecologica.org/no-3-canje-de-deuda-por-oceanos/

[10] Ver en https://es.mongabay.com/2021/04/ecuador-proponen-el-canje-de-deuda-externa-por-naturaleza-para-proteger-a-las-islas-galapagos/

[11] Este bono sería el sexto “producto de deuda sostenible” que ha lanzado en el 2021 el BID, que ha emitido 1.600 millones de dólares en un bono supuestamente ligado a la sostenibilidad, dos bonos sociales y dos bonos verdes, además del nuevo bono azul.Consultar en https://ecuadorendirecto.com/2021/11/03/el-bid-anuncio-la-emision-del-primer-bono-azul-ligado-a-los-oceanos-en-latinoamerica/

[12] Ver https://atalayar.com/content/%C2%BFel-canje-de-deuda-por-naturaleza-de-belice-desencadenar%C3%A1-una-revoluci%C3%B3n-financiera-azul-en

[13] Consultar en https://www.uasb.edu.ec/contenido?boston-carlos-larrea-presenta-propuesta-de-canje-de-deuda-por-naturaleza-a-china

[14] Esta discusión ya tiene eco en tierras australes. Al respecto, ver el artículo de Javier Lewkowicz (2021); “Argentina apuesta a un canje verde de su deuda soberana”. Disponible en https://dialogochino.net/es/clima-y-energia-es/43781-argentina-apuesta-a-un-canje-verde-de-su-deuda-soberana/

[15] Conviene consultar el libro de Alberto Acosta (1994); La deuda eterna – Historia de la deuda externa ecuatoriana, cuarta edición, LIBRESA, Quito. Disponible en https://drive.google.com/file/d/148d0JuDc65crqfao-1aVfcZfkfxkbD1Q/view

[16] Es recomendable repasar las ideas fuerza de Castro que fueron motivo de amplias discusiones. Puede leerse, por ejemplo, su discurso del 3 de agosto de 1985. Disponible en https://www.cadtm.org/Fidel-Castro-La-deuda-es-impagable

[17] Consultar en https://elpais.com/diario/1985/08/02/economia/491781615_850215.html

[18] Varios nombres de los beneficiarios de estas políticas desarrolladas en los gobiernos de Oswaldo Hurtado Larrea, León Febres Cordero y Rodrigo Borja, se recomienda el libro de Alberto Acosta (1994); Los nombres de la deuda: sucretizadores, canjeadores y tenedores, FONDAD – Grupo de Trabajo sobre Deuda Externa y Desarrollo: CAAP, CECCA, CER-G, Ciudad, Quito.

[19] Varios autores (1990); Mecanismos de conversión de deuda – Alcances y limitaciones, FONDAD – Grupo de Trabajo sobre Deuda Externa y Desarrollo: CAAP, CECCA, CER-G, Ciudad, Quito; Martha Moncada y Juan Carlos Cuéllar (2004); El peso de la deuda externa ecuatoriana y el impacto de las alternativas de conversión para el desarrollo, Abya-Yala, Quito. Disponible en https://digitalrepository.unm.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1466&context=abya_yala

[20] Sobre el tema recomendamos el texto de los autores de estas líneas: “Estragos pasados y presentes del Chernóbil ecuatoriano”, Plan V, 5 de junio del 2019, Quito. Disponible en https://lalineadefuego.info/2019/06/05/estragos-pasados-y-presentes-del-chernobil-ecuatoriano-por-alberto-acosta-y-john-cajas-guijarro/ Allí se demuestra, además, como todos los gobiernos sin excepción fueron de alguna manera cómplices de la transcional petrolera.

[21] Disponible en https://www.accionecologica.org/wp-content/uploads/ecuador-post-petrolero.docx.pdf

[22] Sobre esta propuesta se puede consultar el detallado texto de Alberto Acosta (2014); “La Iniciativa Yasuní-ITT – La difícil construcción de la utopía”. Disponible en https://lalineadefuego.info/2014/02/04/iniciativa-yasuni-itt-la-dificil-construccion-de-la-utopia-por-alberto-acosta/

[23] Disponible en https://www.accionecologica.org/un-llamado-eco-logico-para-la-conservacion-el-clima-y-los-derechos/

[24] Disponible en https://www.accionecologica.org/asalto-al-paraiso-empresas-petroleras-en-areas-protegidas-%EF%BF%BC/

[25] Sobre esta cuestión recomendamos revisar los siguientes textos: Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial Ecuador (2015); “Informe psicosocial en el caso Yasunidos”. Disponible en https://es.slideshare.net/delDespojoCrnicas/informe-psicosocial-en-el-caso-yasunidos . Manolo Sarmiento (2021); “La gran farsa de la anulación de las firmas de la consulta por el Yasuní”, enero. Disponible en https://www.planv.com.ec/investigacion/investigacion/la-gran-farsa-la-anulacion-firmas-la-consulta-el-yasuni

[26] Ver el artículo de los autores: “Pagar es morir: ¡queremos vivir!”, Rebelión.org, disponible en: https://rebelion.org/ar-es-morir-queremos-vivir/

[27] Consultar Stephan Lessenich (2019); La sociedad de la externalización, Herder, Barcelona.

[28] Los autores de esta línea proponemos algunas reflexiones al respecto. Ver Acosta, Alberto y Cajas Guijarro, John (2020); “Del coronavirus a la gran transformación – Repensando la institucionalidad de la económica global”, en el libro de varios autores y varias autoras: Posnormales – Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias, editado por Pablo Amadeo. Disponible en https://ecuadortoday.media/2020/06/25/del-coronavirus-a-la-gran-transformacion-repensando-la-institucionalidad-economica-global/

[29] Sobre el proceso de aprobación constitucional de dichos derechos en Ecuador se puede consultar el artículo de Alberto Acosta, (2019); “Construcción constituyente de los Derechos de la Naturaleza – Repasando una historia con mucho futuro”, en el libro de varios autores y varias autoras: La Naturaleza como sujeto de derechos en el constitucionalismo democrático, Universidad Andina Simón Bolivar, Quito. Disponible en https://uninomadasur.net/?p=2159

[30] Consultar en Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, Serie Debate Constituyente, Alberto Acosta y Esperanza Martínez editores, Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.accionecologica.org/mercados-de-carbono-la-neoliberalizacion-del-clima/

[31] Consultar sobre el tema el aporte de los autores: “Naturaleza, economía y subversión epistémica para la transición”, en el libro Voces latinoamericanas: mercantilización de la naturaleza y resistencia social, editado por Griselda Günther y Monika Meireles, Universidad Autónoma Metrolita, México, 2020. Disponible en https://ecuadortoday.media/2021/03/25/naturaleza-economia-y-subversion-epistemica-para-la-transicion/

[32] Consultar la entrevista de Marcelo Larrea sobre Ampliación de la reserva marina de Galápagos versus pesca depredadora. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=e2Wp1kuuO90

[33] Ver la nota de BBC, noviembre 3 de 2021. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-59134818

[34] Consultar en Eduardo Gudynas (2015); Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. La Paz: CLAES; CEDIB. Disponible en http://gudynas.com/wp-content/uploads/GudynasExtractivismosEcologiaPoliticaBo15Anuncio.pdf

Fuente: Ecuador Today

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